miércoles, 20 de abril de 2011

UNA NOCHE ESPECIAL ENTRE LA MONOTONÍA (Los Suaves - siempre con miedo)



Por la calle caminaba sin rumbo fijo. Con las manos en los bolsillos. Estaba feliz a medias, siempre a medias. Tenía una buena vida pero me faltaba algo. No sabía bien el que, pero esta existencia me parecía ya un poco monótona.

Lo bueno de esos días es que podía ir por la avenida sin que nadie me mirara como si fuera un bicho raro. No es que tuviera muy malas pintas, pero mi pelo largo y mis camisetas negras de grupos me daban las pintas de un punkero o lo que le quiera llamar la gente "normal" y es que en realidad era así.

Siempre había ido de fiesta a pubs i a conciertos con grandes litronas de cerveza, alguna que otra chica, y como no, con los compañeros de cebollones.

La noche me parecía ya una continua amiga de la vida. La única que me entendía, en la que creía que estaba realmente contento, pero ya me empezaban a cansar todos esos momentos que siempre parecían iguales.

Nunca me había parado a pensar pero tampoco creo que fuera del todo feliz yendo al bar de siempre, beber la misma bebida, contar las mismas anécdotas una y otra vez con el gracioso de turno que soltaba siempre las mismas gracias. Ya no era divertido ni me aportaba nada bueno ni nuevo. Siempre llegaba a casa sin ganas de dormir por el mareo que llevaba y sin ganas de levantarme por la mañana por el dolor de cabeza insoportable.

Debía ser así para toda la eternidad? Eso no era algo en que me había parado a pensar, pero algún día debía planteármelo. Ya no me gustaba y solo me dejaba llevar por la inercia de lo de toda la vida... Pero, ¿realmente debía seguir siempre igual?

Giré por otra calle que me llevaba al bar y antes de entrar me fijé por primera vez en cómo se veía el bar desde fuera. Me fijé en mis amigos que bebían y reían por algo que había dicho el gracioso y cómo otros jugaban al futbolín que tantas veces había jugado yo. Incluso me fijé con aquella chica que me gustaba y que al final acabé saliendo con ella hasta que nos dimos cuenta que realmente no estábamos hechos para estar juntos. Lo vi todo muy diferente, como si no fuera yo quien lo viera sino alguien nuevo que nunca había pasado por ahí y que ese mismo día estaba decidido a entrar.

Después de pensar un momento en lo que se me había pasado por la cabeza y plantearme dar la vuelta y volver por donde había venido para cambiar de rumbo sin más, una chica me vio parado y me pregunto si no entraba, que se estaba mejor sentado o hablando que parado mirando lo que se hacía por dentro. La verdad es que nunca la había visto en el pub y me sorprendió que hablara conmigo así como si nada. Me sonrió y me dijo:

 -Venga, pasa que no soporto que la gente se quede así de pasmada!

Yo le secunde con una sonrisa, un tanto divertido por la situación y entré detrás de ella. Uno de mis amigos me vio y me saludó efusivo como siempre y me preguntó sobre esa chica que sin más se planto delante de mi mejor amiga y empezó a hablar con ella como si se conocieran desde siempre y eso parecía. Me quedé un rato más mirándolas y mi amiga María junto con la otra me dirigieron miradas inquisitivas o eso me lo pareció a mí.

Rápidamente María vino a mí y me dijo que no era normal que yo me quedara parado en la puerta del bar, que siempre era de los que entraba con ganas de hacer tanta fiesta como nuestro amigo el amo del bar nos permitiera.

Yo me rasqué la cabeza sin saber bien que decir y excusándome con lo de que siempre hay una primera vez y se me escapo una sonrisa un tanto vergonzosa dirigida a la chica nueva. Ella se rió a gusto, con una risa fuerte y contagiosa y a mí me hizo tanta gracia que me empecé a reír como a mí siempre me había gustado y que poco a poco se me había ido olvidando. 

Estuvimos vario rato así hasta que nos dimos cuenta de que todo el mundo nos miraba y que incluso algunas personas nos siguieron el juego sin saber por dónde iba, pero con las ganas de reírse también.

María me miro con complicidad y con picardía, como tantas otras veces lo había hecho cuando veía que me gustaba una chica y veía que podía funcionar. Sin darme tiempo a reaccionar me dio una palmada amistosa en la espalda y me la presentó con su manera inusual de hacerlo.

- Pues bien! esta es mi amiga Marta, la más bella del mundo entero que está soltera y aunque no busca a un hombre ni a su príncipe azul seguro que no le vendría mal estar un rato con mi gran amigo Pepe, que buena falta le hace estar con esta chica o con alguna, al fin y al cabo.

A cada palabra que iba diciendo me encontraba con la mirada cada vez mas sorprendida de Marta y con la certeza de que la cosa iría llegando hasta ese punto donde ella quería llegar a parar y que interiormente le agradecía aunque me viese con las cosas a primeras ya dichas y entredichas. Porque ella ya me conocía bien y no era la primera vez que me hacía de las suyas y me exponía de esa manera delante de una chica. Esta vez incluso me vino de perlas porque veía algo natural y especial en esas miradas que la chica nueva me mandaba y esa manera de presentarnos me supo agradablemente divertida.

Ella volvió a reírse esta vez un poco sonrojada y me miró con una sonrisa de oreja a oreja. Parecía que a ella también le había gustado esa rara y directa presentación. María se fue como Cupido orgulloso de dejar bien clavada la flecha, dejándonos hablar sobre banalidades que realmente nos interesaban del uno y del otro. Siempre había creído que esas conversaciones no llegaban a ningún lado pero ese día disfruté como nunca lo había hecho y nos quedamos hasta las tantas de la noche conversando sobre anécdotas o simplemente sobre nosotros y nuestras ideas.

Cada vez me iba gustando un poco mas y parecía que lo demás no estuviera en el mismo espacio que nosotros, como en una burbuja.. (incluyendo la litrona que cada uno había pedido de cerveza).

Nos fuimos a fuera y todos esos pensamientos que ya había olvidado los dejé enterrados bajo la capa de buen rollo que me invadía junto con Marta. La cogí de los hombros y nos dirigimos hacia cualquier parte. Donde la inercia de la fiesta y los amigos nos llevaran, porque esta vez la fiesta iba donde estuviera ella.

Ese día algo cambió en mí. Quise pensar que todo sería diferente o que simplemente vería las cosas de manera diferente y que fuera junto a Marta o no seguiría recorriendo mi camino con ilusión fuera distinto o no al que siempre había recorrido, pero esta vez quería tener la libertad de poder escoger entre más abanico de posibilidades. Porque me había dado cuenta de que era completamente libre de hacerlo, y de que las cosas podían cambiar.

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